El paso del tiempo. Gran enemigo de los amantes. Día tras día. Rutina. Monotonía.
El tiempo nos aporta grandes regalos. Uno de ellos, conocer mejor a la persona con la que compartes ese día a día. Un solo juego de miradas es suficiente para hablar. Las caricias saben mejor, parecen más dulce, justo cómo nos encantan, y muy importante, cuándo las necesitamos. Poder contar con ese alguien. Día y noche. Noche y día. Mañana y tarde. Tarde y mañana. Sin límites. Siempre, a todas horas hay una persona a la que le importas, probablemente mucho, con quien puedes hablar, que estará encantada de escucharte.
Y viceversa...
Saber que existe una persona que te recuerda, te piensa y te añora. Posiblemente esa persona te necesita tanto como tú a ella, y en ocasiones más. Entonces, es cuando te llena poder ayudarla, cuidarla, mimarla y quererla, más y mejor que ayer y probablemente menos que mañana. Porque esto es un no parar. Un recto constante. Una superación encadenante. Siempre queremos más, y por eso, también hemos de dar más.
Nos ilusionamos, con planes, objetivos y proyectos.
La ilusión son las mariposas.
Las mariposas son quienes nos confirman que estamos en el lugar adecuando, con la persona indicada, en el momento perfecto.
Hay que querer, hay que sentir, hay que vivir.

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